viernes, 24 de septiembre de 2010

Luchando en los nuevos tiempos

Obertura: Cuanto más cosas cambian...


Había una vez, en la que el bloque básico de construcción del patriarcado era la familia nuclear, y llamar a su abolición era una demanda radical. Ahora las familias están cada vez más fragmentadas, pero... ¿ha expandido esto el poder de las mujeres o la autonomía de los niños?

Había una vez, en la que los medios de comunicación de masas consistían solamente en unas pocas televisiones y canales de radio. Ahora no solo se han multiplicado hasta el infinito sino que comparten espacio con otras formas mediáticas como Facebook, Tuenti, Youtube, y Twitter. Pero... ¿ha acabado esto con su consumo pasivo? y, estructuralmente hablando ¿cuanto control tienen los usuarios realmente sobre estos formatos?

Había una vez, en la que las películas eran la fundamental y más precisa representación de una sociedad basada en los espectadores; hoy los videojuegos nos permiten protagonizar nuestras propias fantasías, y hacen más negocio que Hollywood. En una audiencia mirando una película, cada una de nosotras esta sola; lo máximo que podemos hacer es abuchear cuando la línea argumental nos escandaliza. En los videojuegos, por otro lado, podemos interactuar en tiempo real con versiones virtuales de otras jugadoras. ¿Es esto una libertad más grande? ¿Es esto más comunidad?

Habia una vez, en la que podíamos hablar de una corriente, social y cultural, principal , y las subculturas en si mismas parecían subversivas. Ahora la "diversidad" es una prima para nuestros gobernantes, y la subcultura es un motor esencial de la sociedad de consumo: cuantas más identidades, más mercados.

Había una vez, en la que crecíamos en la misma comunidad que nuestras madres y abuelas, y los viajes se podían considerar como una fuerza desestabilizante que interrumpía las estáticas configuraciones sociales y culturales. Hoy la vida esta caracterizada por el constante movimiento en nuestra lucha para seguirle el ritmo a las demandas del mercado; en lugar de configuraciones represivas, tenemos permanente fugacidad, atomización universal.

Había una vez, en la que las trabajadoras permanecíamos en un mismo lugar de trabajo por años y décadas, desarrollando lazos sociales y puntos de referencia comunes que hacían posibles los antiguos sindicatos. Hoy, el empleo es cada vez mas temporal y precario, y más y más trabajadores cambian de las factorías y sindicatos a la industria de servicios y la flexibilidad obligatoria.

Había una vez, en la que el trabajo asalariado era una esfera distinta de la vida, y era fácil reconocer y rebelarse en contra de las formas en que nuestro potencial productivo era explotado. Ahora cada aspecto de nuestra existencia se ha convertido en "trabajo", en el sentido de actividad que produce valor en la economía capitalista. Mirando nuestra cuenta de correo, incrementamos el capital de los que venden su publicidad. En lugar de distintos roles especializados en la economía capitalista, nosotras vemos cada vez más formas de producción de capital, flexibles, colectivas, por muchas de las cuales ni siquiera se nos paga.

Había una vez, en la que el mundo estaba lleno de dictadores cuyo poder estaba claramente sostenido desde arriba y podía ser combatido en consonancia. Ahora han dejado paso a democracias que dan la impresión de incluir a más gente en el proceso político, legitimando así los poderes represivos del estado.

Había una vez, en la que la unidad esencial de poder del estado era la nación, y las naciones competían entre ella para afirmas sus intereses particulares. En la era de la globalización capitalista, los intereses del poder estatal transcienden las fronteras de la nación, y el modelo dominante de conflicto no es la guerra sino la vigilancia y control. Se emplea ocasionalmente contra naciones rebeldes, pero es continuamente implementada contra la gente.

Habia una vez, en la que podíamos dibujar líneas, aunque arbitrarias, entre el llamado primer mundo y el tercer mundo. Hoy el primer mundo y el tercer mundo coexisten en cada ciudad.

Ahora se nos dice que parece que aunque obtengamos lo que queremos no somos felices, cuando en realidad el punto esta, no en condenar el flujo de la historia o llorar porque nuestras innovaciones han sido usurpadas, sino tratar de conocer como algunas de nuestras propias formas de resistencia han pasado a formar parte del mundo que queremos cambiar.

Luchando en el nuevo terreno.

En este final de siglo solo podemos imaginar nuestra lucha como una forma de deserción del poderoso orden social.

Hace diez años, quizá como ilusas, estábamos por la inmediatez, la descentralización, y la resistencia hazla-tu-misma contra el capitalismo. Añadimos algunos elementos provocativos: anonimato, plagio, crimen, hedonismo, el rechazo al trabajo, la deslegitimización de la historia en favor del mito, la idea de que la lucha revolucionaria podía ser una romántica aventura.

Nuestro enfoque estaba determinado por su contexto histórico específico. El bloque soviético acababa de colapsar y las inminentes crisis ecológicas, políticas y económicas todavía no estaban a la vista. El capitalismo triunfalista estaba en su máximo. Nosotras nos centramos en minar los valores de la clase media, porque las teníamos como representación de las aspiraciones de todo el mundo, presentamos muestra lucha como proyecto individual porque era difícil imaginar otra cosa.

Cuando el movimiento anti-globalización gano fuerza y dio paso a los movimientos antiguerra, empezamos conceptualmente a luchar más colectivamente, aunque todavía desde la forma originaria de decisión personal de oposición contra el firmemente enraizado orden establecido.

Hoy mucho de lo que proclamábamos se ha convertido en pasado. A medida que el capitalismo ha ido mutando hacia un estado de crisis perpetua y las innovaciones tecnológicas han penetrado mas profundamente en cada aspecto de la vida, la inestabilidad, la descentralización y el anonimato han venido a caracterizar nuestra sociedad sin acercarnos para nada al mundo de nuestros sueños.

Las radicales a menudo pensamos que estamos hay fuera en el páramo, desconectadas de la sociedad, cuando en realidad somos su borde cortante, aunque no necesariamente nos movamos siempre hacia los objetivos que ella propugna.

La resistencia es el motor de la historia, conduce los desarrollos sociales, políticos y tecnológicos, forzando al orden establecido a innovar constantemente para flanquear o absorber la oposición. Así quizá estamos contribuyendo a tremendas transformaciones sin conseguir nunca nuestros objetivos.

Esto no da a las radicales el poder de determinar los acontecimientos del mundo, ni afirma que nos encontremos a menudo inconscientemente en su cúspide. Medidas contra las infinitudes de la historia, todas nuestras acciones son infinitesimales, pero la noción de teoría política presupone que todavía es posible utilizarlas significativamente.

Cuando ideamos campañas individuales, tenemos que tener cuidado de no hacer demandas que puedan ser desactivadas mediante reformas parciales, no sea que nuestros opresores nos neutralicen simplemente garantizándolas. Los ejemplos de programas radicales que han sido fácilmente contaminados resultan tan obvios que es prácticamente vulgar señalarlos: el fetichismo de la bicicleta, la tecnología "sostenible", "comprar local", "consumo ecológico" y otra formas de consumo ético, el trabajo voluntario que mitiga el sufrimiento causado por el capitalismo global sin amenazar sus raíces. etc.

Pero este fenómeno puede también ocurrir a nivel estructural. Debemos mirar las vías que hemos segido para tratar de conseguir un cambio social amplio, no vaya a ser que tome forma sin sacudir los cimientos del capitalismo y la jerarquía, así la próxima vez llevaremos nuestros esfuerzos hasta el final.

EHoy debe convertirse en una línea de vuelo fuera de este colapsante mundo.

No trabajar, ¿funciona?

La provocación que nos definía en nuestros primeros años fue tomar literalmente el dictado de los situacionistas: TRABAJAR NUNCA. Unas pocas de nosotras decidimos testarlo en nuestra propia piel para ver si era realmente posible. Esta pequeña bravuconada nos enseño todo el genio de la juventud libre, y todos sus peligros. Aunque un incontable numero a recorrido este camino con anterioridad, para nosotras fue como si fuéramos los primeros monos enviados al espacio. De cualquier modo, estábamos haciendo algo, tomándonos el sueño de la revolución en serio, como un proyecto que una puede iniciar con su propia vida inmediatamente, con, como solíamos decir, un aristocrático desden por las consecuencias.

Es tentador escobarlo fuera como mera performance. Aunque todavía tenemos que entenderlo como un intento de responder la pregunta que todavía enfrentamos como proyectos de revolucionarias: ¿Que puede interrumpir nuestra obediencia? Los insurreccionalistas contemporáneos están ahora intentando formular esa misma pregunta, aunque las respuestas que ofrecen son igualmente limitadas. Por si mismos, ni el paro voluntario ni el vandalismo parecen ser capaces de empujar la sociedad hacia una situación revolucionaria. El ataque esta más actualizado que nuestro boicot al trabajo asalariado, este ultimo supone que la economía requiere de nuestra participación, el primero acepta que no es así, y se centra en interrumpir el proceso por otros medios.

A pesar de todo, conservamos nuestra corazonada inicial de que será necesario adoptar un nuevo estilo de vida para que la situación deseada sea posible; no es solo cuestión de poner suficientes horas en los mismos viejos objetivos. La esencial constitución de nuestra sociedad, la cortina que se extiende entre nosotras y el otro mundo, se basa todo en el buen comportamiento, igualmente de los explotados como de los excluidos.

Después de una década, la historia ha convertido nuestro experimento en obsoleto, garantizado perversamente nuestra demanda de una clase desempleable. Las tasas del paro, cercanas al pleno empleo en el 2000, son ahora del 18%, solo contando a la gente que esta buscando activamente empleo. Los excesos de la sociedad de consumo ofrecían a sus desertores un cierto margen de error, la crisis económica ha erosionado esto y le ha dado un sesgo decididamente involuntario a la ausencia de trabajo.

Parece ser que el capitalismo tiene el mismo uso para nosotras que nosotras tenemos para el. Y esto no va solo por los desertores, sino tambien para millones de trabajadoras. A pesar de la crisis economica, las grandes multinacionales obtienen enormes beneficios, pero en vez de usar estos ingresos en contratar nuevos empleados, invierten en nuevos mercados, compran nueva tecnologia para reducir su necesidad de obreras, y reparten dividendos entre sus accionistas. Lo que es bueno para una multinacional no es bueno para el pais después de todo. Las compañías mas provechosas están cambiando tanto producción como consumos hacia los "mercados en desarrollo" fuera de aquí.

En este contexto, la cultura de la deserción parece un programa de austeridad voluntaria. Es conveniente para los ricos que renunciemos al consumismo materialista, pues de cualquier modo no hay suficiente para todas. Al final del siglo XX, cuando la mayoría de la gente se identificada con sus trabajos, renunciar a perseguir el empleo como autorrealización expresaba un rechazo a los valores capitalistas. Ahora, el empleo errático y la identificación con nuestras actividades de ocio en vez de con la propia carrera han sido normalizados como una posición económica en vez de una política.

El capitalismo también esta incorporando la idea de que la gente debe actuar de acuerdo con sus conciencias en vez de por un sueldo. En una economía llena de oportunidades para vender nuestro trabajo, tiene sentido enfatizar la importancia de otras motivaciones para la actividad; en una economía precaria, estar dispuesto a trabajar gratis tiene implicaciones diferentes. El estado esta cada día mas apoyándose en la misma ética del hazlo-tu-misma que una vez animo el punk alternativo para compensar los perniciosos efectos del capitalismo. Es más barato, por ejemplo, dejar a ecologistas voluntarias limpiar los vertidos de un petrolero que pagar por hacer lo mismo. Lo mismo ocurre con las ollas populares si se las trata como un programa de caridad en vez de que una manera para establecer flujos subversivos de recursos y camaradería.

El reto actual no es convencernos de que tenemos que renunciara a vender nuestro trabajo, sino demostrar como una clase superflua puede sobrevivir y resistir. Tenemos paro en abundancia, tenemos que interrumpir el proceso que produce la pobreza.


Nuevas tecnologias, estrategias anticuadas.

En la segunda mitad del pasado siglo, las radicales nos situamos a nosotras mismas en enclaves subculturales desde los que lanzar asaltos a la sociedad mayoritaria. La llamada al paro confrontacional suponía un contexto de existencia de espacios contraculturales en los cuales la gente podía implicarse en algo distinto.

El paisaje cultural es distinto hoy; la subcultura en si misma funciona diferentemente. Gracias al a la nuevas tecnologías de las comunicaciones, se desarrolla y se extiende mucho más rápido, y es remplazada igualmente rápido. El punk rock, por ejemplo, ya no es más una especie de sociedad secreta en la que eras iniciada por la mezcla de las cintas grabadas por tus amigas. Todavía es generado por sus participantes, pero ahora un mercado de consumo media, vía situaciones impersonales como tablones de mensaje y descargas. No sorprende que la gente se sienta menos comprometida con ello: tan fácilmente como lo descubrieron, pueden cambiarlo por cualquier otra cosa. En un mundo compuesto de información, la subcultura ya no parece estar fuera de la sociedad, indicando una posible vía de escape, sino es solo una de las múltiples zonas dentro de ella, una mera cuestión de gusto.

Mientras tanto, Internet ha transformado el anonimato del terreno de los criminales y anarquistas, en un rasgo de la comunicación de cada día. Pero inesperadamente, también sitúa las identidades y posiciones políticas en otro lugar acorde a una nueva lógica. El paisaje del discurso político esta diseñado anticipadamente por URLs; Es difícil producir una mitología sobre el poder colectivo y la transformación cuando cada declaración esta localizada en una constelación conocida.

Cualquiera puede haber puesto un póster en la pared, esto parece indicar un sentimiento general, incluso si solo representa las ideas de una persona. Una declaración en la Web, por otro lado, aparece en un mundo permanentemente segregado en guetos ideológicos. El mito de Crimental como un descentralizado hacer subterráneo en el que cualquiera puede participar inspiro una gran actividad hasta que la topografía de Internet lentamente concentro la atención en una sola pagina Web.

Así Internet ha llenado por completo de contenido y vuelto obsoleto simultáneamente el potencial que veíamos en las subculturas y el anonimato. Se puede decir lo mismo de nuestra defensa del plagio, hace una década pensábamos que estábamos tomando una posición extrema contra la autoría y la propiedad intelectual cuando estábamos escasamente un poco por delante. Las semanas que gastamos peinando bibliotecas en busca de imágenes para reutilizar, presagiaba un mundo en que prácticamente todos hace lo mismo con Google image Search para sus blogs. Las nociones convencionales de autoría ha sido sustituidas por unas nuevas formas de producción como la subcontratación voluntaria (una empresa de cualquier tipo se nutre del trabajo del colectivo), esto apunta a un futuro posible en el que el trabajo voluntario libre será una parte importante de la economía, como parte del capitalismo en vez de una oposición a el.

¿No nos da wikipedia acaso un modelo en funcionamiento de anarquismo que puede acercar nuestra postura al publico?
Si no conseguimos desarrollar una critica de como wikipedia es parte de una incompleta y represiva realización de por lo que estamos luchando, no seremos capaces de entender los obstáculos con los que nos encontraremos cuando queramos ir mas lejos.

Aquí nos encontramos con una de las más perniciosas vías por la que nuestros deseos han sido garantizados en forma, pero no en contenido. La libre distribucion, pensada para demostrar una alternativa radical a los modelos capitalistas, esta ahora tomada por garantizada en una sociedad en la que los medios de produccion material todavia son rehenes del capitalismo.

Hoy que la musica corre libre, parece a primera vista que a sido desmercantilizada. De hecho los musicos se han visto obligados a proveer trabajo gratis que refuerza la dependencia del consumidor de nuevos productos como ordenadores o smartphones. Los discos benéficos que se usaban para recaudar significativas cantidades de dinero para diversas causas fuera de la lógica de los mercados, hoy son mucho menos productivos. Así la libre distribución puede servir para concentrar el capital en las manos de los capitalistas, recortando las estrategias de resistencia que tenían previas generaciones.

Los formatos electrónicos se prestan para la libre distribución de información; esto fuerza a aquellos que producían formatos materiales como periódicos a adaptarse, o salirse del negocio, para ser reemplazados por bloggers que son felices de hacer este trabajo gratis. Mientras tanto, la comida, el alojamiento y otras necesidades -por no mencionar el hardware necesario para acceder a los formatos electrónicos- son tan caros como siempre. Esta situación ofrece un cierto montante de acceso para los desposeídos mientras beneficia a aquellos que ya controlan vastos recursos; esto es perfecto para una era de altas cifras de paro en las cuales será necesario apaciguar a los parados y darles un uso. Esto implica un futuro en que la elite rica usara el trabajo gratis de un gran cuerpo de trabajadores precarios y desempleados para mantener su poder y su dependencia.

Esto es aun más truculento pues este trabajo gratis será absolutamente voluntario, y parecerá beneficiar al gran publico en vez de a la elite

Quizá la contradicción central de nuestra época es que las nuevas tecnologías y formas sociales horizontalizan la producción y distribución de la información y todavía nos hacen más dependientes de los productos de las empresas.

Descentralizando la jerarquía: La participación como subyugación.

Aun en los 90, defendíamos la participación, descentralización y organización individual. Construidas con nuestras experiencias en el hazlo-tu-misma marginal, ayudamos a popularizar el modelo viral, en el cual un formato desarrollado en un contexto puede ser reproducido a lo largo del mundo. Ejemplarizado por programas como "Comida y no bombas" y tácticas como el "Black Block", esto ayudo a extender culturas anti-autoritarias desde Nueva York a Nueva Zelanda.

Al mismo tiempo, estábamos respondiendo a las limitaciones de los modelos políticos y tecnológicos del siglo anterior y produciendo oportunidades de transcenderlos. Esto nos puso cerca de la vanguardia innovativa que reformo la sociedad capitalista. Por ejemplo, TXTmob, el programa de mensajes SMS desarrollado por el Institute for Applied Autonomy (Instituto de Autonomía Aplicada) para protestas, sirvió de modelo para Twitter. Similarmente, una puede interpretar las redes internacionales de hazlo-tu-misma, formalizadas en guías como Book Your Own Fucking life, como precursores de Myspace y Facebook. Mientras tanto el modelo viral es más conocido como marketing viral.

Así la cultura del consumo nos ha cazado, integrando nuestros intentos de escape en el mantenimiento del espectáculo que rechazábamos y ofreciendo a cualquiera la oportunidad de "escapar" también. Aburrido de la programación televisiva unidireccional, el consumidor moderno puede construir su propia programación, aunque todavía a una distancia física y emocional de sus compañeros televidentes. Nuestros deseos por una mayor organización y participación han sido garantizados, pero dentro de un marco todavía fundamentalmente determinado por el capitalismo. La demanda de convertirnos en sujetos mas que en objetos se ha realizado: ahora somos sujetos administrando nuestra propia alienación, satisfaciendo el presagio situacionista de que el espectáculo no sera solo el mundo de las apariencias sino también el sistema social en el que los seres humanos solo interaccionamos en nuestros roles prescritos.

Incluso los fascistas están tratando de conseguir descentralización y autonomía. En Europa, "Nacionalistas Autónomos" se han apropiado de formatos y estéticas radicales, utilizando retórica anticapitalista y tácticas black block. Esto no es simplemente un asunto de nuestros enemigos tratando de disfrazarse para parecerse a nosotras, aunque eso ciertamente enturbia las aguas: también indica una división ideológica en las organizaciones fascistas cuando las jóvenes generaciones tratan de actualizar sus modelos organizativos para el siglo XXI. Fascistas en los USA y otros sitios están participando en el mismo proyecto bajo el paradójico nombre de "Anarquismo Nacional"; si tienen éxito en persuadir al público en general de que el anarquismo es una forma de fascismo, nuestro futuro será verdaderamente lóbrego.

¿Significa esto que los fascistas, los más avanzados defensores de la jerarquía, pueden emplear estructuras descentralizadas? El siglo XX nos enseño las consecuencias de usar métodos jerárquicos para tratar de perseguir supuestamente fines no jerárquicos. Es siglo XXI quizá nos muestre como supuestamente no jerárquicos medios pueden producir jerárquicos fines.

Extrapolando desde estos desarrollos y otros, podemos pensar hipotéticamente que nos estamos moviendo hacia una situación en la que la fundamentacion de la sociedad jerárquica no será la permanente centralización del poder, sino la estandarización de ciertas de formas debilitadoras de socialización, toma de decisiones, y valores. Esto parece estar extendiéndose espontáneamente, aunque de hecho solo parecen deseables por lo que esta ausente en el contexto social que se nos impone.

Pero ¿jerarquías descentralizadas? Esto suena como una parábola zen. La jerarquía es la concentración del poder en unas pocas manos. ¿Como puede descentralizarse?

Para encontrarle sentido a esto, volvamos a la concepción del Foucault de panóptico. Jeremy Bentham diseño el panóptico como modelo para hacer las prisiones y lugares de trabajo más eficientes, es un edificio circular en el que todas las habitaciones están abiertas hacia el interior de un patio, para que todo pueda ser visto desde la torre de observación central. Los internos no pueden ver que ocurre en la torre, pero saben que pueden estar bajo vigilancia en cualquier momento, así eventualmente internalizan esta vigilancia y control. En una palabra, el poder ve sin mirar, mientras el observado mira sin ver.

En el panóptico, el poder esta ya basado en la periferia en vez de en el centro, y este control es mantenido sobre todo por los mismos internos. Los trabajadores compiten para ser capitalistas en vez de establecer una causa común como clase; los fascistas refuerzan las relaciones opresivas autónomamente sin la supervisión estatal. La dominación no es impuesta desde arriba sino como una función de la participación en si misma.

Simplemente para participar en sociedad, tenemos que aceptar la mediación de estructuras determinadas por fuerzas que están fuera de nuestro control. Por ejemplo, nuestras amistades cada vez más pasan a través de Facebook, teléfonos móviles, y otras tecnologías que dibujan el plano de nuestras actividades y relaciones para las empresas y las inteligencias de los gobiernos. Estos formatos también dan forma al contenido de las amistades en si mismas. Lo mismo ocurre con nuestras actividades económicas: en lugar de simple pobreza tenemos préstamos y clasificaciones de crédito, no somos una clase sin propiedades, sino una clase conducida por la deuda. Y una vez más esto es voluntario, o incluso concebido como "progreso".

¿Como podemos resistir en este contexto? Todo parece haber sido mucho más fácil en 1917 cuando todos los proletarios del mundo soñaban con asaltar el Palacio de Invierno. Dos generaciones después, el equivalente parece ser asaltar los cuarteles generales de la televisión; aunque esta fantasía ya haya aparecido en una película de Hollywood. Ahora es cada vez más obvio que el capitalismo global no tiene centro, ningún corazón en el que clavar una estaca.

De hecho, este desarrollo es una gran ayuda para nosotras, se formula un resumen del sistema, sin especificar detalles. Cada parte del sistema se refina diseñando con mayor detalle. Cada parte nueva es entonces redefinida, cada vez con mayor detalle, hasta que la especificación completa es lo suficientemente detallada para validar el modelo, para las formas de lucha. No hay atajos ahora, y ninguna justificación para tomarlos, no debe haber mas dictaduras "provisionales". La revoluciones autoritarias del siglo XX han pasado para bien, si la revuelta tiene que estallar, las practicas anarquistas tendrán que expandirse.

Algunas han argumentado que es en esta ausencia de centro, cuando el antes mencionado virus es más peligroso que el asalto frontal, así la tarea es no tanto elegir el objetivo correcto como popularizar una nueva vía de lucha. Si esto no ha ocurrido todavía, quizá simplemente es porque nosotras todavía no hemos desarrollado un enfoque que parezca práctico a los demas. Cuando demostremos soluciones concretas a los problemas que representa el desastre capitalista, quizá se decidan a apoyarnos.

Pero esto es delicado. Estas soluciones tienen que resonar mas allá de cualquier subcultura particular en una era en que cada innovación instantáneamente genera y es contenida por la subcultura. Deben de alguna manera rechazar e interrumpir las formas de participación esenciales para el mantenimiento del orden, tanto las que predican sobre la integración, como las que predican la marginalidad. Tiene que proveernos para cubrir nuestras necesidades inmediatas mientras hacer aflorar nuestros deseos insurgentes que nos enfocan en cualquier dirección. Y si avanzamos soluciones que al final no atacan las raíces de nuestros problemas, -como hemos hecho antes- solo estaremos inoculando el orden establecido en las resistencias de esta generación.

Cuando se trata de soluciones contagiosas, quizás los disturbios en Grecia durante los cuales ardieron bancos fueron menos significativos que las prácticas de okupacion del día a día, confiscación y redistribución de comida, y las reuniones públicas fuera de la lógica del comercio. O quizá los disturbios fueron igualmente significantes: no como un ataque material al enemigo sigo como un festival afirmando una forma de ser radicalmente diferente.

Desestabilización de la Sociedad: Doble o nada.

Cuando en los 90 el capitalismo aparecía como eminentemente estable, si no inexpugnable, nosotras fantaseábamos con disturbios, catástrofes y colapsos industriales precisamente porque parecían imposibles, y porque, en su ausencia, parecía que solo podían ser cosas buenas.

Todo esto cambio. Crisis y catástrofes son ahora familiares. La nocion de que todo el mundo esta dirigiendose al fin es practicamente banal, ¿quien no ha leido un reportaje sobre el calentamiento global para encogerse despues de hombros? El imperio capitalista esta obviamente fuera de limites y solo unos pocos creen que va a durar para siempre. Por ahora, sin embargo, parece que es capaz de utilizar estas catástrofes para consolidad su control, cargando los costes en los oprimidos.

Así como la globalización intensifica las distancias entre clases, algunas de las disparidades entre naciones parece que se estan nivelando. Las estructuras de apoyo social en el mundo occidental estan siendo desmantelada a medida que el crecimiento economico se desplaza a otras zonas. Los ejercitos estan siendo usados para cometidos policiales de orden publico y en desastres naturales. Esto esta de acuerdo con la tendencia general que lejos de ser estatica, espacializa las jerarquías hacia formas dinámicas y descentralizadas de mantener las desigualdades. En este nuevo contexto las nociones del siglo pasado sobre privilegio e identidad aparecen cada vez más como simplistas.

Nuestros enemigos de la derecha ya han movilizado su reacción para la era de la globalización y la descentralización. Podemos verlo desde el Tea Party en USA hasta los movimientos nacionalistas en toda Europa pasando por los fundamentalismos religiosos en todo el mundo. Mientras la Europa occidental se ha aglomerado en la Unión Europea, la Europa Oriental se ha balcanizado en docenas de naciones-estado con prolíficos fascismos deseosos de capitalizar el descontento popular. El fundamentalismo religioso es comparativamente un fenomeno reciente en el Medio Este, habiendo agarrado el despertar de fallidos "movimientos de liberacion nacional" movidos por una exagerada reaccion al imperialismo cultural occidental. Si permitimos a los proponentes de la jerarquía monopolizar la oposición al orden establecido, nosotras simplemente desapareceremos del escenario de la historia.

Otros han desaparecido ya. Al tiempo que la clase media erosiona Europa, los partidos de izquierda tradicionales se están extinguiendo por ello, y los partidos de extrema derecha toman el terreno que estos pierden.

Si la izquierda continua retrocediendo hasta la extinción, el anarquismo será el único juego que quede en la ciudad para las radicales. Esto abre un espacio en el que podemos exponer nuestras ideas para todas aquellas que han perdido la fe en los partidos políticos. ¿Pero estamos preparadas para luchar contra el capitalismo nosotras solas, sin alidadas? Intensificar el conflicto es una apuesta: tan pronto como atraigamos la atención del estado, tendremos que jugar a doble o nada, intentando movilizar suficiente apoyo popular para flanquear el inevitable contraataque. Cada disturbio ha de ser seguido de una campaña incluso de más amplio alcance, no de una retirada hacia las sombras, algo difícil de hacer enfrente del contragolpe y la represión

Quizá seria mejor si la historia se moviera lo bastante despacio para que tuviéramos tiempo para construir un movimiento popular masivo. Desafortunadamente no tenemos elección en este asunto. Preparadas o no, la inestabilidad que deseábamos esta ya aquí, cambiaremos el mundo o pereceremos con el.

Así es tiempo de prescindir de estrategias fundadas en la estabilidad del orden establecido. Al mismo tiempo la crisis nos mantiene encerradas en un presente perpetuo, reaccionando a los constantes estímulos en vez de actuar estratégicamente. Con nuestra actual capacidad, podemos hacer poca cosa para mitigar los efectos de las catástrofes del capitalismo. Nuestro trabajo es encender revueltas con reacción en cadena; debemos evaluar cada acto que emprendemos bajo esa luz.

En este contexto es más importante que nunca no vernos a nosotras mismas como las protagonistas de la insurrección. Nuestro actual cuerpo social es lo bastante numeroso como para catalizar levantamientos sociales, pero no lo bastante para llevarlos a cabo. Nosotras no hacemos la insurrección, nosotras solo ayudamos a organizarla, todo el mundo hace la insurrección.

Esto pedirá mucho de cada una de nosotras. Diez mil de nosotras con la voluntad de llegar tan lejos como Enric Duran, el santo patrón de los estafadores a los bancos, se convertirían en un fuerza real, consiguiendo recursos con los que establecer infraestructuras alternativas y creando un ejemplo publico de desobediencia que podría extenderse a lo lejos, quitándole la existencia a la deuda, incluso al dinero, si suficientes de nosotras los tratáramos como a una ficción. Esto podría traer de vuelta la deserción a la nueva era. Es terrorífico imaginarse yendo tan lejos, pero en un mundo en colapso, el terror nos espera ahí delante, lo escojamos o no.

Cualquiera que haya participado en un black bloc lo sabe, es mas seguro al frente. Doble o nada.

Devuelve el golpe, la paz social es nada.

Conclusión: Placeres prohibidos.

Ya vale de estrategia. Recordemos una idea que no puede conseguirse de ninguna forma bajo el capitalismo: Que la vida inmediata pueda convertirse en intensa y feliz. Nosotras creemos en esto, concebimos la resistencia como una romántica aventura capaz de satisfacer todos los deseos producidos pero nunca consumados por la sociedad de consumo. A pesar de todas las tribulaciones y roturas de corazón del pasado, este reto todavía sobrevive, como la esperanza, en el fondo de la caja de Pandora.

Resistimos por ello. No lo hacemos por deber, o habito, o sed de venganza, sino porque queremos vivir al completo, conseguir lo máximo de nuestro ilimitado potencial. Somos revolucionarias porque parece que no hay manera de encontrar lo que importa sin al menos un poco de lucha.

Tantas penurias como puede acarrear, nuestra lucha es la persecución de la alegría, para ser mas precisas, es la manera de generar nuevas formas de alegría. Si perdemos de vista esto, nadie se unirá a nosotras, ni deberían. Disfrutar no es algo que simplemente hagamos para ser estratégicas, para ganar reclutas, es la infalible indicación de si tenemos algo que ofrecer o no.

Como la austeridad se convierte en la contraseña de nuestros gobernantes, los placeres disponibles en el mercado serán cada vez más meros sucedáneos. El giro a la realidad virtual es prácticamente la admisión de que la vida real no puede ser satisfactoria. Tenemos que probar lo contrario, descubriendo placeres prohibidos que nos mostraran el camino a otro mundo.

Nada pone a la gente más a la defensiva que la sugerencia de que pueden y deberían disfrutar de si mismos: esto dispara toda su vergüenza por los fracasos para hacerlo, todo su resentimiento hacia aquellos que sienten que están monopolizando el placer, y tambine un claro enfrentamiento con anticuada y opresiva educación recibida.

Si alguien quiere inspirar odio étnico, la manera más fácil de hacerlo es concentrarse en las vías extrañas, perversas en que se asume que ese grupo persigue el placer. Si alguien desea enfatizar la comunidad, la forma mas fácil es señalar que ellos también sienten dolor.

Esta formula es trágicamente familiar para cualquiera que halla sido testigo de como las radicales nos caricariturizamos unas a otras. Declarar que has experimentado placer celestial, especialmente si es algo que realmente viola el régimen de control, como robar o luchar con la policía, es una invitación para otros amontonen desden sobre ti. Y quizás esa formula explica también porque nos podemos unir cuando el estado mata a alguien, pero no podemos dejar de lado nuestras diferencias para luchar igual de duramente por los vivos.

La muerte nos moviliza, nos cataliza. El recuerdo de nuestra propia mortalidad nos libera, permitiéndonos actuar sin miedo, pero nada es tan terrorifico como la posibilidad de que nuestros sueños puedan hacerse realidad, que algo este verdaderamente en juego en nuestras vidas. Si supiéramos que el mundo esta terminando, finalmente seriamos capaces de arriesgarlo todo, no solo porque no tenemos nada que perder, sino porque nunca mas íbamos a tener nada que ganar.

Pero si queremos ser revolucionarias, vamos a tener que aceptar la idea de que nuestros sueños se pueden hacer realidad, y luchar de acuerdo a esto. Vamos a tener que elegir la vida sobre la muerte de una vez por todas, placer sobre dolor.

Vamos a tener que empezar.

Based on: Crimetinc. Fighting in the New Terrain.

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