viernes, 30 de octubre de 2009

Cuando luchamos, estamos luchando por nuestras vidas.

Nosotras dejamos la escuela, nos divorciamos, rompemos con nuestras familias y con nosotras mismas y con todo lo que conocemos.
Dejamos nuestros trabajos, quebramos nuestros prestamos, arrojamos todos nuestros muebles fuera, a la acera, y emprendemos el camino.
Nos sentamos en los columpios del parque de los niños hasta que nuestros pies se congelan, admirando la luna en el rocío sobre la yerba.
Nos vamos a la cama temprano y permanecemos despiertas hasta el amanecer recordando todas las cosas horribles, que hemos hecho y que nos han hecho, y nos reímos, nos bendecimos y nos absolvemos las unas a las otras y a este loco cosmos.
Entramos en museos que muestran reposiciones de viejas películas de guy debord para escribir "lucha tonto"y "deprisa el viejo mundo esta detrás de ti" en los respaldos de los asientos del teatro.
Con el olor de la gasolina todavía fresca en nuestras manos, vemos el nuevo amanecer, y hablamos en susurros sobre que vamos a hacer después, emocionadas en la sincera conciencia de nuestro propio ilimitado poder.
Usamos tarjetas telefónicas robadas para hablar con nuestros amantes adolescentes, sexo telefónico desde los teléfonos de los recibidores de las comisarias.Entramos en piscinas privadas y las saunas de los ricos y disfrutamos de ellos como nunca sus dueños lo harán. No deslizamos en las oficinas donde nuestros apaleados amigos mueven papeles por pequeñas sobras, para escribir manifiestos antiimperialistas en sus ordenadores, o dormir debajo de su mesas. Ellos estaban realmente sorprendidos la mañana que finalmente nos descubrieron, semi desnudas cepillandonos los dientes en el agua para beber.
Vivimos momentos excitantes y emocionantes cuando hicimos cosas que siempre habíamos pensado imposibles, escupiendo en la cara de todos nuestros miedos para besar inaccesibles bellezas, soltando octabillas desde la cima de monumentos nacionales, abandonando la universidad... y entonces rechinaban nuestros dientes, esperando que el mundo se terminara -, pero no lo hizo.Nos quedamos escondidas en salas de conciertos que se vaciaban, en tejados bajo tormentas de relámpagos , en la hierba muerta de los cementerios, y juramos con lágrimas en nuestros ojos que nunca volveríamos atrás, de nuevo.
Nos sentamos en el despacho del director del instituto, contra el desgastado ladrillo de las estaciones de autobuses, en las sabanas desechables de las emergencias de los hospitales, en los duros bancos de los comedores de las prisiones, y juramos las mismas cosa.
Nos comunicamos las unos con las otras a través de iniciales gravadas en los pupitres del colegio, diseños pintados con spray y plantillas en los muros de los pasillos, agujeros pateados en las ventanas de las multinacionales televisados en el telediario de las 3, cartas mandadas con sellos falsificados o llevadas a través de océanos en las mochilas de nuestros amigos, instrucciones secretas codificadas en anónimos emilios, reuniones clandestinas en cafeterías, poesía de amor grabada en las tablas de madera de las literas de la prisión.
Alojamos inmigrantes ilegales, refugiados políticos, fugitivos de la justicia, adolescentes en fuga, en nuestras modestas casas y camas, como ellos nos acogen a nosotros.Improvisamos recetas para hornearnos las galletas, pasteles, desayunos en la cama, comidas gratis semanales en el parque, grandes fiestas celebrando nuestro coraje y humanidad, así podemos saborear su dulzura en nuestras lenguas, las unas a las otras.
Nos confiamos cada una nuestros corazones y apetitos, componiendo juntas sinfonías de caricias y placer, haciendo el amor en el lenguaje de la exaltación.
Corremos desbocadas entre normas de genero, estereotipos étnicos y expectativas culturales, mostrando con nuestros cuerpos, nuestras relaciones y nuestros deseos ,cuan arbitrarias las leyes de la naturaleza fueron.
Escribimos nuestra propia música y la tocamos los unos para los otros, así cuando tarareamos para nosotras mismas, podemos celebrar la creatividad de nuestros compañeros mejor que repetir el ruido de fondo de las radios.En habitaciones prestadas en los áticos, nos ocupamos de heridos amantes extranjeros, y luchamos para escribir lineas que inflamen los fuegos durmientes en las multitudes a nuestro alrededor
En el ultimo momento antes del amanecer, linternas apretadas en nuestras temblorosas manos, desmontamos los fusibles de las casas de los fascistas que van a tener un mitin al día siguiente.
Luchamos con esos fascistas, con uñas y dientes y cuchillos en las calles, cuando nadie mas se enfrenta a ellos aunque sea por escrito.
Plantamos jardines en abandonadas parcelas en los guetos, hacemos dedo a través de continentes en tiempo record, arrojamos pasteles en las caras de reyes y banqueros. Tocamos las guitarras juntos en las reverberantes cuevas del alto aragon. En los astilleros armados con adoquines y tornillos, tenemos a la policía en vilo por días sin fin, hasta que casi podemos oler el nuevo mundo viniendo a través del gas lacrimógeno
Luchamos nuestro camino entre sus lineas hasta el palacio de la opera y lo tomamos, y tenemos allí discusiones de veinticuatro horas sobre como el mundo podría ser.
En Dublin creamos una red clandestina para proveer abortos ilegales en condiciones seguras y atmósfera de apoyo, cuando los religiosos fanáticos prefieren que nos muramos en vergüenza y lágrimas en callejones oscuros. En Zaragoza nos cogemos las manos, y nos masajeamos los hombros los unos a los otros cuando el enemigo nos rodea y nos arresta. En Barcelona ocupamos la autopista y golpeamos nuestros ritmos primitivos en las señales del trafico con sus pedazos, y el sonido es mas grande y mas bonito que cualquier canción tocada en una sala de conciertos
En Santiago robamos bancos para imprimir papeles de poesía transgresora.
En Siberia planeamos escapes imposibles, y los llevamos a cabo, dando la vuelta al mundo con papeles falsos y dinero prestado para volver a los brazos de nuestros amigos.
En Montevideo en la ciudad okupada, construimos cabañas con planchas de madera y hojas de plástico, pirateamos la luz de las lineas eléctricas y hablamos con nuestros vecinos sobre como podemos contribuir en nuestra nueva comunidad.
En San Diego, cuando nos encarcelan por decir lo que pensamos, invitamos a nuestros amigos y llenamos sus prisiones hasta que ellos tienen que cambiar de política.
En Oregon, subimos a los arboles y vivimos en ellos por meses para proteger los bosques que hemos recorrido y acampado cuando eramos pequeñas.En Mexico, cuando nos subimos a los trenes de carga, intercambiamos historias sobre trabajar con los zapatistas en Chiapas, sobre inundaciones vistas desde vagones de carga pasando Texas, sobre abuelos que lucharon en la revolución mejicana.
Nosotras luchamos en esa revolución, y en la guerra civil española, y en la resistencia francesa, e incluso en la revolución rusa, pero no con los comunistas o el zar. Con sueño, y golpeados por el tiempo, cruzamos Ucrania a caballo para llevar noticias de conflictos que nos ofrecen otra oportunidad para luchar por nuestra libertad.
Tensas pero sin temblar, pasamos de contrabando posters, libros, armas, fugitivos, nosotras mismas a través de las fronteras desde Canadá hasta Pakistan.
Mentimos con la conciencia limpia a la guardia civil, a la policía militar en Roma, a enfurecidos abuelos en oslo.
Nos decimos la verdad, incluso verdades que nadie se había atrevido a decir antes. Cuando no podemos derrocar gobiernos, ayudamos a las nuevas generaciones, que pueden probar el gusto de la dulce adrenalina de las barricadas y la pegada de carteles, que pueden llevar adelante nuestra quijotesca búsqueda cuando nosotros caemos o escapamos del despiadado ataque de los serviles y cobardes.
Cuando pudimos derrocar gobiernos, lo hicimos.
Permanecemos, unos después de otros, década tras década, centuria tras centuria, en el banquillo de los acusados y gritamos para que el mas sordo, auto-satisfecho, recto ciudadano en el tribunal pueda oírlo: Y si pudiera hacerlo todo otra vez, lo haría.Cuando el sol sale después de fiestas de invierno en okupas sin calefacción, juntamos grandes sacos de vidrios rotos y limpiamos pilas de sucios platos en agua helada, mientras nuestros críticos, aislados en sus áticos con mayordomo, quieren saber quien sacara la basura en nuestra por así llamarla, utopía.
Cuando las buenas intenciones de liberales y reformistas acaban en burocracia, nosotros recogemos comida de la basura para alimentar a los hambrientos, entramos en edificios abandonados y los convertimos en palacios apropiados para los mas pobres reyes y reinas bandidas, acunando al enfermo y moribundo en nuestros amantes brazos.
Nos enamoramos en los naufragios, gritamos nuestras canciones en el alboroto, danzamos alegremente en las mas pesados grilletes que ellos pueden forjar, contrabandeamos nuestras historias a través de los guantes del silencio, hambre, y subyugación para traerlos de nuevo a la vida, y de nuevo como bombas y corazones latientes, construimos castillos en el aires con las ruinas del infierno en la tierra.
No aceptamos imposiciones desde fuera, no mantenemos oculto nada dentro de nosotras, tanto lo uno como lo otro, y encontramos el mundo abriéndose como los pétalos de una rosa.
La mejor razón para ser un revolucionaria, es que simplemente es la mejor manera de vivir. Sus leyes les garantizan el derecho a estar en silencio, el derecho a un juicio publico por sus iguales, (aunque mis iguales nunca me juzgarían,¿lo harían los tuyos?) ¿Que hay del derecho a vivir la vida sabiendo que no vamos a tener otra oportunidad, tener razones para estar toda la noche despiertas en urgente conversación, mirar atrás cada día sin remordimientos ni amargura? Estos derechos solo los podemos reclamar por nosotras mismas y ¿no deberían ser esos nuestras preocupaciones centrales y no las menudencias del protocolo y la supervivencia? Para esos de nosotras nacidos en cautividad dorada por la sangre y el sudor de otras cautivos menos afortunadas, el reto de buscar una vida que valga la pena, de historias que valga la pena contar, es un proyecto para toda la vida, uno formidable.
Pero todo lo que se necesita, en cada momento, para encontrar este reto es rebatir esta cautividad. Cuando luchamos, estamos luchando por nuestras vidas.

Crimethinc. Fighting for life

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